Primer Capítulo: Lucie Delarue-Mardrus, Francia (1874-1945)

¿Pasará a la historia Lucie Delarue-Mardrus? Pasará a la historia como la mujer del traductor al francés de Las Mil y Una Noches, el doctor Mardrus, de quien tomó su apellido. Dicen que detrás de un gran hombre hay una gran mujer. Detrás del Dr. Mardrus había una normanda nacida en el pintoresco pueblo de Honfleur que no paró de escribir novelas (más de 70, cuentan los optimistas), y escribió versos tan clásicos que pasaron desapercibidos hasta para los modernos de su generación desde Colette a Proust, pasando por Débussy y Rodin.
Quizás ese clasicismo mantiene en la sombra a esta poetisa, novelista, traductora (de E. A Poe, entre otros), pintora, escultora, periodista, historiadora… –por ese orden– y la catapulta a la literatura llamada popular con sus novelitas “rosas”, verbigracia Graine au Vent, La Mère et le Fils, L’ange et les pervers. Pero es que nos deja hasta una obra de teatro perdida (Sapho Désesperée), una investigación acerca de Oscar Wilde (Les amours d'Oscar Wilde), una biografía o libro de memorias (Mémoires) y un poemario dedicado a su amante norte-americana Natalie Clifford-Barney, la cual se encargó de publicar años después de la muerte de la normanda, y que hoy aquí me interesa rescatar.
Un delicioso librito que no hallamos en ninguna librería de nuestro país a los 56 años de su publicación (se publica en 1951), y que el peligroso y aun asombroso mundo de Internet nos ofrece en primicia. Se trata de Nos secrètes amours, libro de experiencia brutal de la relación que mantuvo con Clifford-Barney, más conocida entonces como la Amazone, por sus bellos cabellos rubios y aspecto de guerrera amazónica.
DU LOIN
Je ne pense jamais à toi
Autant que dans les bras des autres.
Je leur jure à grands mots mon amour et ma foi,
Et, sans rire, j'entends leurs petits patenôtres.
Elles sont la douceur de la lune de miel,
Mais toi mon souvenir mauvais, toi ma Rancune,
Aucune ne saura jamais, aucune,
Ton divin superficiel.
Elle ne veulent pas comprendre que je joue,
Que j'aime simplement la rose de leur joue,
L'intelligence de leur corps,
Et que le reste m'est égal, si fort, si fort !...
Toi, chère blonde inexpliquée, inexplicable,
Par laquelle je fus un enfant malheureux,
Tu jetas à jamais entre nous deux le câble
D'un seul de tes légers, ténus, si blonds cheveux.
Ce fil infini qui m'attache,
Quand les femmes m'ouvrent leurs bras,
Elles ne le voient pas et ne le savent pas...
- Mais toi, je ne veux pas non plus que tu le saches [1]
Poetisa dionisiaca de la experiencia del amor puro, libre tal vez, exquisito y brutal, como muchos títulos de los poemas de Nos secrètes amours, Delarue-Mardrus establece, siguiendo el modelo Baudelaire, y a través de la fórmula del pareado, una modernidad clásica. Consigue hallar verdades en el encuentro sexual fructífero y terrible así como en el deseo excitado de lo prohibido, en la muerte que esconde un amar –su rubia, su presa. En una plasmación del grand gouffre ouvert de l'Impossible; gran pozo sin fondo de lo Imposible del amor entre mujeres, del amor de espejo: Un désir d'émouvante et fatale pâleur / M'attirait vers de lourds parfums, vers des mollesses,/ Vers un noir océan, vers une nuit de tresses/ Défaites, où rouler, où plonger jusqu'au coeur... Amor prohibido y fracasado al fin, por ello tan querido quizás, por ello tan buscado y tan intenso, amor de mujer a mujer, ¿puro amar?.Tal vez se trate de un querer romántico de principios de siglo XX y de su laboriosa escritura, de la que por otra parte ningún poeta posmoderno se hace eco. Escuchemos a Lucie Delarue-Mardrus, cantando a la vanguardia del amar liberado Mujeres elegidas:
Comme un courant d'eau douce à travers l'âcre mer,
Nos secrètes amours, tendrement enlacées,
Passent parmi ce siècle impie, à la pensée
Dure, et qui n'a pas mis son âme dans sa chair.
Nous avons le sourire ivre des blanches noces
Qui mêlent nos contours émouvants et lactées,
Et dans nos yeux survit la dernière beauté
Du monde, et dans nos coeurs le dernier sacerdoce.
Nous conduisons parmi les baumes et les fleurs
La lenteur de nos pas rythmés comme des strophes,
Portant seules le faix souverain des étoffes,
Les pierres et les fards, et l'orgueil des couleurs.
Si tienen interés en descubrir -o incluso por traducir- a esta poetisa, no más googlear su precioso nombre Lucie Delarue-Mardrus. No se pierdan el próximo capítulo de Figuras y sombras de poetas desrecordados o inconocidos: Enrique Lihn, Chile.
[1] DE LEJOSNunca pienso en ti/Tanto como en los brazos de las otras./ Les juro a grandes voces mi amor y mi fe,/ Y, sin reír, oigo sus pequeños padrenuestros.// Ellas son la dulzura de la luna de miel,/ Pero tú mi recuerdo malvado, tú mi Rencor,/ Ninguna no conocerá nunca, ninguna,/ Tu superficial divinidad.// Ellas no quieren entender que yo juego,/ Que amo simplemente el rosa de su mejilla,/ La inteligencia de sus cuerpos,/ Y que el resto me da igual, ¡tan hondo, tan hondo! ...// Tú, querida rubia inexplicada, inexplicable,/ Por la que fui una niña desdichada,/ Tiraste para siempre entre nosotras el hilo,/ De uno solo de tus leves, teñidos, cabellos tan rubios.// Este hilo infinito que me ata,/ Cuando las mujeres me abren sus brazos,/ Ellas no lo ven y no lo saben…/ -Pero tú, ya no quiero tampoco que lo sepas.